Lucía Altieri: italiana, artista, empresaria, y cubana hace 45 años

En 1962 debutó en el Festival de la Canción Italiana de Sanremo, y luego vino una intensa carrera en eventos y grandes espectáculos …

March 28, 2022 By Comunicación

-En 1962 debutó en el Festival de la Canción Italiana de Sanremo, y luego vino una intensa carrera en eventos y grandes espectáculos. ¿Cómo recuerda Lucía Altieri aquellos inicios?

El Festival de Sanremo siempre ha sido una gran oportunidad para la carrera de una artista. Quiero aclarar que yo, después de escuchar las dos canciones que la casa disquera había seleccionado para mí, no quería participar porque las canciones elegidas, según mi criterio, no eran idóneas para un festival como Sanremo. Por fin acepté cantar sólo una. Con toda honestidad tengo que admitir que de cualquier manera el concurso fue una importante vitrina y a mí me abrió un camino de éxitos; tanto que después de mi participación firmé contractos en varios países. Hasta el famoso director de cine Luigi Comencini me ofreció trabajar con él como protagonista en una película con el gran actor Alberto Sordi. Pero le dije que no, porque no era una comedia musical y el cine como tal nunca ha sido mi pasión. No obstante, firmé un contrato con la televisión alemana para grabar treinta y seis comedias musicales en cuatro años, que salían al aire todos los sábados en el programa estelar de la noche, y las veían las dos Alemania, o sea, la democrática y la federal.

-Los cubanos, como los italianos, se entregan con mucha pasión. Es algo que comparten las dos culturas. ¿Por qué se quedó a vivir hace ya 45 años?

Mi deseo de quedarme en Cuba era muy fuerte. Había una situación de conflicto con la casa disquera, que no quería que yo viviera en Cuba. En 1981, en Brasil, discutí con los productores luego de una entrevista que me hicieron para un noticiero. Yo había recorrido varios países, Venezuela, Argentina, y cuando me preguntaron sobre Cuba, empecé a hablar de todo mi amor por este país y mi público.
Al día siguiente me habían cancelado todos los programas de TV a los que estaba invitada. Había uno llamado “Superstar” dedicado a las estrellas. Fui con mucha ilusión, naturalmente. Casi había ganado el Festival Mundial de Río de Janeiro, y el público había mantenido casi 19 semanas mi canción en el Hit Parade brasileño. Desde la casa disquera RCA Víctor me llamaron para que arreglara un poco lo que había dicho. Les respondí que no. ¿Por qué tendría que cambiar si había dicho la verdad?

-Y con esa verdad se quedó, aunque seguro tuvo consecuencias, ¿verdad?

Entre yo y el público cubano nació un amor inmediato. No me había pasado en otro país. Aquí fue diferente. Mientras en otros lugares tienes que empezar con una conferencia de prensa y mucha publicidad, en Cuba me presenté en el programa estelar “Juntos a las Nueve”, el sábado en la noche, y ya el domingo el público me había aceptado y nacido un gran amor. Eso fue lo que transmití en aquella entrevista en directo, porque era lo que sentía. Me dio mucha alegría decirlo, publicarlo.
Ya había tenido éxito en el Festival de Viña del Mar, y sin embargo nunca consideré quedarme en Chile, por ejemplo. Con Cuba ha pasado algo que no se puede explicar. Han pasado tantas cosas que me han obligado a dejar la vida artística. La disyuntiva era seguir triunfando renegando de Cuba. Y yo nunca he querido dejar este país. Con mi productor italiano era una pelea constante. Me puso a elegir entre Cuba y el resto del mundo. Y aquí estoy.

-¿Y qué sucedió con los compromisos artísticos, y con la música, claro está?

Hay una parte de mi música, que por todo lo que te conté, no se conoce. Cuando tomé la decisión de quedarme aquí, me quedé huérfana prácticamente. No tenía ni una partitura. Mi productor era el que lo manejaba todo. En Cuba tuve que empezar de cero. El último concierto que pude hacer con mis partituras fue en el Amadeo Roldán bajo la dirección del maestro Adolfo Guzmán, que ha sido para mí algo excepcional. Luego quedé desnuda artísticamente, porque a partir de ahí el productor se lo quedó todo. No fue hasta que murió a finales de los años 90 que recuperé todo mi trabajo.
Más tarde, mi carrera recomenzó con el disco de Enrique Jorrín. Su muerte fue otro golpe artístico, porque teníamos muchos proyectos. Él creía mucho en mí. Uno de ellos, que hubiera sido una verdadera sorpresa, era con la música napolitana. Queríamos mezclar la cubanía con la “napolitanidad”. Siempre he dicho que entre el pueblo cubano y el napolitano hay mucho parecido. En una semana de la cultura italiana en Cuba organizado por mí, junto a Lolina Cuadras a finales de los años 80, trajimos a Fausto Cigliano y tuvimos mucho éxito. Aunque el público cubano no entendía el repertorio que hicimos, primero él y luego yo en el segundo tiempo, la gente conectó de maravilla. Y eran canciones napolitanas clásicas. Era alegría, pasión, drama, y todo eso lo tiene el cubano también.
Volviendo al maestro Jorrín. Un día, mientras yo estaba cocinando para él unos espaguetis, le pedí que se pusiera unos audífonos para que escuchara unas canciones napolitanas que yo había grabado con La Voce del Padrone (EMI). Luego, cuando salí de la cocina, lo vi llorando. Pensé que se sentía mal, y me respondió “Ay Lucía, que lindo cantas”. Se había emocionado. Era una canción muy dramática que se llama “Piove” (Llueve).

-Y cuando falleció el maestro, huérfana otra vez…

Sí. Exacto. Cuando yo llegué aquí no pensé encontrarme con tanta riqueza artística. Este es un país de arte. Y yo me preguntaba entonces ¿por qué nosotros en Italia no sabemos de todo esto? ¿Por qué allá no se conoce más a Silvio Rodríguez, a Pablo Milanés, a Irakere? Por eso me llevé a mi país dos veces el show de Tropicana, y los presenté en importantes programas de televisión. Incluso los llevé al programa de Raffaella Carrá. También lo hice con Van Van, Farah María, Tata Güines y Moncada. Con eso me olvidé de la Lucía Altieri cantante y empecé a servir de una especie de productora para abrir las puertas de los artistas cubanos en Italia.

-Hablando de la inmensa Raffaella, en el San Remo Music Awards, evento que forma parte de ese espíritu original donde muchos artistas ven la oportunidad de brillar, se le dedicará un homenaje póstumo. ¿Qué opina de la realización en La Habana de esa anunciada fiesta ítalo-cubana?

Yo aplaudo a quien ha pensado en realizar un proyecto con tanto empeño como el espectáculo “SanRemo Music Awards”, porque yo misma he sentido la necesidad, después de haber conocido el gran patrimonio artístico de Cuba, de crear un lazo entre el mundo cultural italiano y el mundo cultural cubano desconocido en Italia. Es el encuentro de amor entre dos culturas musicales que tanto se parecen. He logrado traer en el pasado a artistas italianos que gozaban de gran popularidad en Italia, como Pino Danieli, Edoardo Bennato, Rita Pavone, Gino Paoli, Sergio Endrigo y muchos más.., la lista sería larga. Además, propicié la visita de actores como el gran Gigi Proietti, el cual rodó dos programas de televisión transmitidos por la RAI, Radio Televisione Italiana. En mi querido programa con la televisión cubana “Ciao Lucia”, estuvieron Ezio Greggio, Enzo Iacchetti, Fabio Testi, Paolo Vallesi, Eugenio Finardi, y Franco Simone, entre otros. También recuerdo que en 2008 organicé, con el apoyo del Mincult, un Desfile de Alta Moda con la presencia en Cuba por primera vez del gran estilista Rocco Barocco, con dos mil invitados en el gran jardín del Hotel Nacional. Es por eso que te repito que la idea de este gran acontecimiento entre Cuba e Italia es magnífica y la apoyo con todo mi entusiasmo.

-¿Cómo ha sido esa vinculación de Lucía, más allá de la artista, quiero decir, como empresaria fiel en medio de circunstancias económicas muy difíciles?

Hasta 1990 yo iba y regresaba. Pero a partir de lo que te conté de no poder acceder a mi discografía, me reinventé. Ya tenía un público aquí, amo vivir en este país, y empecé a sentir que cada vez que me alejaba, sufría. Me faltaba algo. Luego, cuando murió mi compañero Rafael Prado en 2005, pude haber regresado a Italia, pero me quedé. Estaba sola sentimentalmente, pero en compañía de todos los que me quieren. Cuba para mí es una familia, y lo siento desde el primer momento que puse un pie en este país.
En 1991 me propuse vestir a la mujer cubana como se viste en Europa, pero con el dinero que tiene la mujer cubana. Y abrí una tienda –la primera boutique- en La Cecilia, en alianza con Cubanacán. Y hubo otras. Más tarde me dediqué a exportar. Yo quería ver cómo ayudar a la economía del país. Hoy ese es mi día a día.

-Podría decirse que Lucía Altieri es una cubana más. ¿Se despedirá alguna vez de esta gente, y este pueblo?

Yo no quisiera nunca despedirme. No me gustan las despedidas. Me gustaría que el pueblo se acordara de mí. Está en camino un documental sobre mi vida entre productores italianos y cubanos. Ahí, muchos podrán conocer a la Lucía que no han conocido. Incluso sabrán de mi hijo y mis nietos. He vivido tranquila porque ellos me han dado también tranquilidad.
Siempre he creído en este país. Cuba va hacia delante. Con problemas, con bloqueo, pero va para adelante. ¿Imagínate Cuba sin bloqueo? ¡Sería una maravilla! Tenemos que luchar. Tenemos que creer. Creer porque se puede. Cada uno de nosotros puede aportar un granito de arena. Si todos lo hacen, se formaría un mar enorme, una montaña. Cuba es alegre, y su gente es buena y llena de valores. Es la Cuba que he conocido, y la que quiero.

Dirección de Comunicación EGREM