Perpetuo soñador

Alguien dijo que La Nueva Trova es la banda sonora de la Revolución cubana. Es probable que la frase tuviera su génesis en las dimensiones del trabajo del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC que musicalizó gran parte de la cinematografía que va de 1969 en adelante –pues si bien el grupo se va desactivando […]

June 5, 2022 By Comunicación

Alguien dijo que La Nueva Trova es la banda sonora de la Revolución cubana. Es probable que la frase tuviera su génesis en las dimensiones del trabajo del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC que musicalizó gran parte de la cinematografía que va de 1969 en adelante –pues si bien el grupo se va desactivando sobre los años 74 o 75 muchos de aquellos músicos siguieron dotando a documentales y películas de ese aporte espiritual sonoro que espesa esas obras. En todo caso, más allá del legendario grupo –y muy probablemente en el sentido de quien lanzó al ruedo la frase- la Nueva Trova es la banda sonora de la Revolución más allá del séptimo arte, es quien ha venido describiendo cada acontecimiento, cada transformación, de este amor colosal –desagarrado y feliz- con que un pueblo ha querido virar esta tierra de una vez.

La Nueva Trova es hija de la revolución (de la que en enero del 59 ve cómo se juntan todas las palomas revoloteando alrededor del enamorado, pero, a su vez, la Trova –sin apellidos- es madre espiritual de la revolución genésica. Y es que se trata de un proceso alma-identidad, que tiene como punto remoto inicial el 27 de marzo de 1851. Era noche avanzada y ante la ventana de la casa de María de la Luz Vázquez se escuchó una voz cantando…No recuerdas gentil bayamesa/ que tú fuiste mi sol refulgente…  Sin la menor intención de trascendencia alguna, -que no fuera conseguir el perdón de la novia de Pancho Castillo. 

¿Existían canciones desde antes que ya daban señales de esa nacionalidad en camino? Seguramente; pero la primera pieza demostrada, que nos indica que ha surgido un tipo de canto nuestro es La bayamesa que firman tres jóvenes amigos: Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y Francisco Castillo Moreno. No puede ser casual que esos tres bohemios creadores y la musa inspiradora ¡17 años después! fueran protagonistas del inicio de nuestras guerras de independencia aquel 10 de octubre de 1868. Es que la patria, si no es cantada, no tiene voz, ni aliento, ni huellas.

Son muchas las historias que estrechan trovadores y mambises, cantos en plena manigua y hasta José Martí entra en ese cancionero amoroso-independentista  cuando escribe un texto para que el músico Benito O`Hallorans, de Tampa,  le pusiera música; o sea, no se trata de un poema que le musicalizaran si no que se propone como letrista, en la que fue conocida en la comunidad de Cayo Hueso como “La canción del Delegado” (que era como por entonces llamaban a Martí): Perpetuo soñador que no consigo/ el bien ansiado que entre sueños vi.

Cada suceso, cada etapa histórica, tuvo al trovador expresándola, si bien las problemáticas sociales eran abordadas muy indirecta o costumbristamente. Aunque existen no pocas obras, arrinconadas o proscritas en su tiempo, que expresaron la frustración de la república que amaneció nublada por la intervención norteamericana. Especialmente Sindo Garay, nacido en 1867 y no por azar mensajero de las tropas mambisas, fue dejando testimonio de aquellas amarguras de inicios del siglo XX: ¡Pobre, Cuba, señores! 

¡Ah! Si Maceo volviera a vivir/ y a su patria otra vez contemplara, / de seguro la vergüenza lo matara.    

En el famoso Café Vista Alegre, Sindo entabla relación con Julio Antonio Mella, a quien le dedica su “Oración por todos”:

¡Cuántos misterios encierra Cuba!/ ¡Cómo conspira la cruel maldad!/ Hundiendo todo lo que es más útil,/ la patria entera, su libertad./

Y en eso llegó Fidel

Me brotaron colonias, más tarde, repúblicas, y países enormes en revolución. Nació quien me puso nombres y apellidos, profetas con piel de león. Relata el trovadorbuscándose en la historia, la patria y la suya: y es que nací mucho antes y aun soy lo mismo que fui.

Pasean las noches de enero/ –de 1959- (acotaría el propio trovador), vagabundas y alegres/se juntan todas las palomas… /

…y esto que encontré ya no era desconocido, / se hizo la canción que se había perdido.

El país se estremece, se condensa el tiempo, cada día es otro, y nos arrastra a ser otros:

Después de las labores ahora voy a estudiar. / Se fueron los patrones, vinieron a enseñar.  

¿Qué dice usted, que una mujer no es capaz/ de construir, de analizar, y de luchar por la vida?/ Cuando la historia nos grita otra verdad.    

El trovador, vigía y relator del pueblo, navega al centro de la marejada:

Afuera comentan la televisión, afuera el sindicato discute una ley, afuera la patria está por reventar, afuera me están llamando, y voy. 

La Trova es ahora nueva, porque es nuevo el país.    

Créeme, cuando te diga que me voy al viento de una razón que no permite espera, cuando te diga: no soy primavera si no una tabla sobre un mar violento.

 Y los grandes acontecimientos de todos estos años van pasando ante nosotros como una gran película cantada o más bien trovada:

“Los cinco picos” fueron mi bautizo de fuego/ debo confesar, caramba, que para mí eso era un juego/

A la montaña rusa la quisieron descarrilar/ con todas las calumnias de la patria potestad. /Y luego a mi amiguito el padre se lo llevó/ a montar el barquito y nunca regresó.

Y por los héroes muertos en las guerras/ se tiene que luchar y ganar, / se tiene que reír y amar, /  se tiene que vivir y cantar,/ se tiene que morir y crear.

Octubre terrible del sesenta y dos, / llegaste derecho a parar el reloj/ y no reparaste que en esta región, / tutear a la muerte era ya tradición.

En el centro de la isla enfrenté al enemigo, /me sobraban razones para haberme curtido.

Cambiamos mercenarios por compotas/ cuando Playa Girón/ y a las fiestas íbamos con botas/cantando una canción de Lennon. /

Te podría decir otras cosas pero para qué/ bombochie, Cerro Pelado, Camarioca como somos cubanos.

Me seguí comiendo aquel pastel americano/ con un hombre en la Luna/ y Viet Nam destrozado. / CIA metiendo las narices/ y cazando marxistas cual perdices/.

A los veintisiete días de mayo del año setenta/ un hombre se sube sobre sus derrotas…/

Y creamos el cordón del café de La Habana/ y la vaca Ubre Blanca que más leche daba. /

Angola, mi novia procuró calor humano, / mi perro un nuevo dueño. / Y hasta puede suceder que algún día me llamen veterano.

Llegándome a la frontera/ hube de ver a un amigo/ que me decía: Querido, El Salvador nos espera.

Se partió en Nicaragua otro hierro caliente…

Venga un uniforme que me voy a incorporar. / No por snob ni por hacerme original: / hay que poner un grano a tu causa mundial. /

A ti lo que te pasa es que te quedaba chiquito el término progresista y te hubiera gustado ser Comandante Uno del Frente Sandinista.

Están tumbando las estatuas del osito MIsha/ y en este juego de la historia/ solo pasamos ficha. /

El teatro Bolshoi aún no ha sido saqueado/hay noches de Moscú, crimen organizado, / los estudios Mosfilm seguro que han cerrado. No me volveré a emocionar con Siberiada, / Konchalovski hace rato que no monta en Lada.

…la puerta del delirio, la fangosa realidad, / los narcos, la inflación la solución impar, los dioses apagados, la fantasía incapaz, / Berlín, Fidel el Papa, Gorbachov y Alá./ No eres tú mi amor.

Cuando Robinson abrió los ojos y vio que estaba solo en una isla…

Yo era un trovatur en La Habana, filántropo de los basureros, / y me pasé las noches y el alba cantando solo para extranjeros. /

Los rojos sangrando no saben qué hacer/ se quedan más solos que siempre./ Los otros invaden si hay que organizar/ y el dólar desborda tu mente./

Cuando se vaya la luz, mi negra, mi abuela va a comenzar/ a desatar su mal genio/y a hablarme mal del Gobierno/y mi abuelo que es ñángara le va a ripostar/ que es culpa del imperialismo, de la OPEP y del mercado mundial.

Yo sabía bien que ibas a volver, que ibas a volver de cualquier lugar/ porque el dolor no ha matado a la utopía, / porque el amor es eterno y la gente que te ama no te olvida.

Y aquí apuntalando historia/ entre socialitsmo o muerte, / buscando en el subsuelo también otra opción…

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas/ cuando la revolución se venga abajo, /que machacarán mis manos y mi boca, /que me arrancarán los ojos y el badajo.

En mi pobreza/ la escuela no se cerró/ con cascarilla, aguardiente, / con flores, tabaco y miel, dos velas y una oración/ para Fidel.

De un pueblo que habían dormido, de una América hecha trizas. / Nadie piense que se ha ido, fue un momentico a la misa. / Y va a volver con Sandino, con el Che, Martí y Bolívar.

Yo no sé lo que es el destino, / caminando fui lo que fui, /allá dios que será divino, / yo me muero como viví.

Dicen que en la plaza en estos días/ se les ha visto cabalgar a Camilo y a Martí/ y delante de la caravana, lentamente sin jinete/ un caballo para ti.